Para integrar la atención virtual, comience por redefinir la ‘visita’

Albert Einstein dijo célebremente: “En medio de cada crisis, se encuentra una gran oportunidad”. Cuando la pandemia de COVID-19 golpeó a los Estados Unidos en marzo de 2020, los proveedores de atención ambulatoria descubrieron rápidamente que gran parte de la atención médica se podía brindar de manera virtual. En el lapso de unas pocas semanas, los proveedores trasladaron gran parte de su atención ambulatoria a la telemedicina o interacciones virtuales. Casi el 40 por ciento de los pacientes han recibido atención a través de una visita de telesalud en 2022.

Pero ahora el trabajo real está por delante, ya que tanto los administradores de atención ambulatoria como los nuevos participantes digitales pasan de una mentalidad de crisis a una mentalidad de rediseño planificado en el que encontrarán el equilibrio óptimo entre la atención virtual y en persona. La clave de este proceso será redefinir lo que constituye una “visita”. Para construir el sistema de prestación de atención del futuro, que se centrará en el valor y los resultados, primero debemos liberar el sistema de facturación y los modelos de reembolso de las ataduras de las interacciones sincrónicas en “lugares de servicio” específicos.

Definición de una ‘visita’

La historia de la facturación en el sistema de atención médica de EE. UU. es el pago por unidades de tiempo, todas orientadas hacia interacciones sincrónicas entre pacientes y proveedores en ubicaciones fácilmente identificables, como hospitales y clínicas. Este sistema presenta varios problemas. Primero, el trabajo que se realiza entre visitas no se recompensa. Esto no fue un gran problema en 1966, cuando se publicó la primera versión de la Terminología Procesal Actual (CPT). En la tarifa de la visita se incluyeron algunos minutos dedicados a llamar a una referencia o responder a la llamada ocasional del paciente.

Pero los patrones y preferencias de los consumidores han cambiado mucho desde entonces. En 1966, ni siquiera la humilde máquina de fax había llegado a los consultorios médicos. Sin embargo, hoy, en la Universidad de California, San Francisco, la cantidad de mensajes que reciben los médicos ambulatorios a través de MyChart ha aumentado un 500 % desde 2016.

Dada la forma en que han evolucionado las comunicaciones entre los médicos y sus pacientes, es hora de transformar los modelos de facturación de tarifa por servicio para adaptarse a los encuentros asíncronos entre médico y paciente. A primera vista, esto suena imposible dadas las limitaciones actuales. Sin embargo, hay una solución: en lugar de definir una visita como un único encuentro en el consultorio, redefínala como un período de tiempo dedicado a trabajar en un caso y haga que ese período de tiempo sirva como unidad de facturación.

Por ejemplo, digamos que redefinimos una visita a un incremento de dos semanas. Cuando comienza un encuentro con un paciente (ya sea a través de una interacción sincrónica o asincrónica), el reloj se inicia con fines de facturación. En lugar de presentar un reclamo por X dólares por los Y minutos de tiempo en un día en particular en un lugar específico con un paciente, el médico presenta un solo reclamo por dos semanas de interacciones con pacientes sincrónicas y asincrónicas y trabajo asociado. Al final del período de dos semanas, se reembolsa al médico, no por cada minuto dedicado a responder correos electrónicos o hacer referencias o realizar exámenes en persona, sino por una tarifa fija vinculada a una sola unidad de tiempo de dos semanas. Esto reembolsaría la capacitación y la experiencia del médico, no los minutos que se pasan en vivo con los pacientes.

Por supuesto, incluso si el médico no factura por cada interacción con el paciente, aún sería necesario realizar un seguimiento de la atención al paciente brindada dentro de la ventana de tiempo. Afortunadamente, los sistemas de tecnología de la información del cuidado de la salud actuales ya capturan datos relacionados con las interacciones médico-paciente tanto sincrónicas como asincrónicas. Con modificaciones menores a estos sistemas, así como cambios a los sistemas de codificación de facturación, las plataformas y tecnologías existentes podrían usarse para garantizar la rendición de cuentas y crear registros digitales para uso de los pagadores y los reguladores.

Catalizando un mayor cambio hacia el valor

Contrariamente a la intuición, esta innovación en la facturación de tarifa por servicio no solo sería transformadora para la atención virtual, sino que tendría un impacto secundario al acelerar la transición a pagos basados ​​en el valor. Para construir un modelo de atención que ahorre costos frente a los contratos de riesgo de uno, es imperativo habilitar la atención sincrónica y asincrónica. Sin embargo, si los códigos de facturación de tarifa por servicio no se adaptan a la atención asincrónica, esto presenta al proveedor un desafío desconcertante: el requisito de hacer operativos dos modelos de atención fundamentalmente diferentes dentro del mismo entorno clínico, en el que un modelo, virtual, tiene pocas posibilidades. para reembolso Esta realidad práctica es una razón fundamental por la que muchos proveedores de pago por servicio han tenido problemas al aceptar acuerdos de riesgo para subconjuntos de sus pacientes. Si la facturación de tarifa por servicio permitiera la atención asíncrona, se alinearía mejor con el cambio al valor.

Además, este sistema recompensaría a los médicos por brindar un régimen de atención holístico durante un período de tiempo, en lugar de solo tratar una sola dolencia. Si “una visita” constituyera dos semanas, los médicos ya no estarían bajo la presión de concluir cada encuentro con el paciente en 15 minutos. Más bien, los médicos serían recompensados ​​por el tiempo entre las visitas en persona, cuando realizan un trabajo tan vital como devolver correos electrónicos, interpretar los resultados de las pruebas y solicitar consultas. Estos incentivos son similares a los modelos de atención en riesgo “mejores en su clase”.

En conclusión, ya es hora de que los proveedores de atención ambulatoria dejen atrás la división artificial entre la telemedicina y la medicina tradicional. Como resultado de la crisis del COVID-19, ya sentamos las bases de una nueva forma de operar y combinar la atención presencial y virtual. Los reguladores y los formuladores de políticas pueden facilitar esto fomentando políticas para capas de facturación asincrónicas, y no “vinculadas al edificio”, además de la infraestructura actual de tarifa por servicio.

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