Estas sugerencias podrían ayudar a su actitud sobre el envejecimiento.

“Me estoy haciendo viejo.” Escuchamos esto con frecuencia de pacientes, familiares e incluso amigos de nuestra edad. “Envejecer” se ha convertido en una excusa comodín para los cambios físicos y mentales que experimentamos en nuestras vidas. Cuando usamos el envejecimiento como explicación, tendemos a minimizar los síntomas que de otro modo serían alarmantes: una mancha cada vez mayor en la frente que resulta ser un carcinoma invasivo de células basales, un dolor de cadera que resulta ser una artritis degenerativa grave, el jadeo y la hinchazón cuando subes un tramo de escaleras que resulta ser insuficiencia cardíaca, y el uso de scooters eléctricos en la tienda de comestibles que resulta ser compresión nerviosa por estenosis espinal. Las personas descartan estos signos como un proceso normal de envejecimiento y pierden oportunidades para una intervención médica temprana.

También usamos el envejecimiento como una razón para aceptar limitaciones que pueden restringir nuestras actividades físicas, compromisos sociales y actividades intelectuales. No salir, reunirse con amigos, conocer gente nueva o aprender nuevas habilidades son algunos ejemplos. Permanecemos en nuestras cada vez más reducidas zonas de confort. La pandemia de COVID-19 ha disminuido aún más nuestra capacidad de interactuar, y muchos no han retomado donde lo dejaron hace dos años.

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