Cómo reparar el daño moral antes de quemarse

Un refrán común entre los médicos de hoy es que no alentarían a sus hijos a convertirse en médicos. Señalan que el agotamiento está en su punto más alto y que la profesión carece de la estima que alguna vez tuvo. Aunque las solicitudes para la escuela de medicina se dispararon después de la COVID-19 Desde el inicio de la pandemia, una quinta parte de los trabajadores de la salud han dejado sus trabajos desde entonces. Por lo tanto, nos enfrentamos a la tensión: médicos, enfermeras y otras personas que dejan la medicina en un momento en que los estudiantes están más ansiosos que nunca por convertirse en médicos. ¿Qué hacemos con esto?

En nuestro último artículo, “Daño moral en el cuidado de la salud: identificación y reparación en la era COVID-19”, publicado este mes en el Revista de Medicina Interna GeneralMis colegas y yo sostenemos que lo que aqueja a la mayoría de los médicos no es el “agotamiento” per se, sino un fenómeno más pernicioso conocido como “daño moral”. Es fundamental distinguir el daño moral de los conceptos relacionados de “angustia moral” y “agotamiento” para interrumpir la resignación y reparación masivas de los profesionales de la salud. lesiones morales. Un diagnóstico preciso es fundamental para un tratamiento eficaz.

Diagnóstico: Daño Moral v. Angustia moral v. agotamiento

El término “daño moral” generalmente se refiere al daño que resulta de tener que violar creencias profundamente arraigadas en una situación de alto riesgo, ya sea porque un superior lo requiere o porque las circunstancias lo exigen. El daño moral como concepto tiene su origen en la literatura de veteranos militares. Es posible que se requiera que los soldados bombardeen un área donde se sabe que hay mujeres y niños porque se les ordena hacerlo o porque sienten que no tienen otra opción. Otras veces pueden ser testigos de actos que sienten que son moralmente repugnantes pero que no pueden intervenir. En todos los escenarios, el daño moral induce sentimientos de culpa, verguenzay retiro social.

¿En qué se diferencia el daño moral del sufrimiento moral? El último término está relacionado y no se deriva de la literatura militar sino de enfermería. La angustia moral quizás se entienda mejor como una forma más leve de daño moral. Un médico escribe órdenes para que una enfermera le dé a un paciente un tratamiento que la enfermera cree que no está indicado. La enfermera, sin embargo, se siente restringida de actuar de acuerdo con lo que sabe que es correcto y sufre angustia psicológica. Por lo general, la angustia desaparece después de su turno, pero a veces deja un residuo moral que puede acumularse y causar daño moral.

Como señalamos en nuestro artículo, el agotamiento se refiere clásicamente a “una combinación de agotamiento emocional, despersonalización o cinismo, y una sensación de logro personal reducido.” Sus síntomas incluyen entumecimiento, descuido y desconexión. Es la consecuencia final de un daño moral no mitigado y lleva a las personas a adiccion, terapiay/o carrera profesional intercambio.

Poniendo estos tres juntos, podríamos decir que la angustia moral es la incomodidad aguda que uno siente cuando se ve obligado a hacer lo correcto. Si es sostenida y crónica, la angustia moral se convierte en daño moral, que, si persiste, se convierte en agotamiento. Argumentamos que,

medicos que consumirse ya no están angustiados por violar creencias morales profundamente arraigadas porque están más allá de los sentimientos. El desapego y la despersonalización asociados con el agotamiento pueden verse como la ausencia total de angustia o inversión moral.

Por lo tanto, es fundamental intervenir en los momentos de angustia moral, eliminando las situaciones incitantes y cultivando la moral. Resiliencia—y, más críticamente, interviniendo a nivel del daño moral.

¿Qué hacer? individuales, estructurales, Liderazgoe Intervenciones Basadas en la Comunidad

Para mitigar la progresión de la angustia moral al daño moral y del daño moral al agotamiento, necesitamos intervenciones a nivel personal, estructural, profesional y comunitario. El hecho de no reconocer la necesidad de un enfoque multifacético explica el desgaste continuo de la fuerza laboral de atención médica.

En primer lugar, aunque no es una panacea, las personas pueden y deben cultivar la resiliencia moral para prepararlas para manejar situaciones moralmente desafiantes. Pero la resiliencia excepcional no puede resolver el problema de los sistemas inhumanos. Recuerdo hace años estar sentado en una sala de médicos descontentos que habían solicitado una audiencia con un líder de alto rango de un sistema de atención médica.

Los médicos sufrieron daños morales: se sintieron obligados a exprimir la atención compleja de los pacientes en breves visitas al consultorio. Les preocupaba que esto equivaliera a una mala práctica y odiaban el sentimiento necesario para tratar a los pacientes de forma abrupta. Después de escuchar sus preocupaciones, el VIP del sistema de salud replicó secamente: “Solo necesita desarrollar más resiliencia”.

En contraste con el espeluznante comentario del VIP, las reformas estructurales también son necesarias para impedir el daño moral. Los médicos necesitan tiempo y entornos de curación para atender bien a los pacientes enfermos y moribundos. Lograr esto podría requerir más personal de apoyo, espacio clínico, tiempo cara a cara con los pacientes y menores ingresos.

En tercer lugar, el liderazgo en salud puede hacer su parte para prevenir el daño moral comprometiéndose a una comunicación clara con los médicos y el personal. La comunicación es esencial para generar confianza, y los empleados que confían en el liderazgo reportan menos trabajo estrésuna mayor participación en actividades de bienestar y un comportamiento más saludable.

En cuarto lugar, las propias comunidades pueden abordar las circunstancias que conducen al daño moral. Los grupos de médicos se desarrollaron durante COVID-19 para cultivar el apoyo a los trabajadores de atención médica de primera línea. Por mucho que el Ejército de los EE. UU. asigne a los combatientes “compañeros de batalla” que han sufrido traumalos sistemas de salud han emparejado a médicos con miembros de su unidad clínica para promover un sentido de propósito y esperanza.

Conclusión

La medicina es una profesión extraordinaria, y la sociedad debe alentar a sus estudiantes compasivos y excelentes a convertirse en médicos. El entrenamiento médico en sí mismo es una prueba de resistencia y cultiva la resiliencia. Pero no es bueno para nadie enviar médicos jóvenes a organizaciones rotas. Los líderes de atención médica deben reestructurar los sistemas, a pesar de los costos, y las comunidades deben unirse para apoyar a los trabajadores de primera línea para garantizar la reparación moral y el florecimiento de todos.

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